Una receta de cocina se compone de dos elementos: sus ingredientes y el proceso para cocinarlos. En ambos casos se trata de información, sobre componentes por un lado y sobre método por otro; la preparación de un plato es, en sí, un proceso, y la receta su guía de instrucciones. Desde luego, un plato puede ser algo inventivo en la medida en que contenga una composición de ingredientes poco habitual, o incluso estéticamente apreciable según se presente. Pero el plato no es sino el resultado de aplicar la receta: su aspecto es importante, pero no es lo que lo define.

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