La noticia la conoce ya todo el mundo: el FBI ha logrado cerrar el servicio de intercambio de archivos Megaupload. Su director, el alemán Kim Schmitz, ha sido detenido y previsiblemente será extraditado en breve a Estados Unidos, acusado de delitos que podían valerle hasta 50 años de cárcel. Para ver un héroe en Kim Schmitz lo único que se requiere es ser tonto. No puedo resistirme a enlazar aquí un artículo de Arcadi Espada publicado por el periódico El Mundo, y cuya lectura recomiendo. Sin perjuicio de que lo pueda leer quien quiera, me permitiré resumir la semblanza del personaje que contiene:

Schmitz fue condenado a dos años de prisión en Alemania por comerciar con tarjetas de crédito robadas; no eran tarjetas sustraídas del bolsillo de ningún magnate de la industria discográfica, sino de gente normal que había sido víctima de un robo.

Schmitz siguió su carrera hacia el éxito especulando con las acciones de una compañía llamada letsbuylt.com, fingiendo una inversión millonaria que nunca existió para alentar la venta de las que tenía en su poder por un buen precio, tras lo que desapareció con el dinero conduciendo la compañía a la quiebra. Algo parecido repitió años más tarde con otras dos compañías más, siendo también condenado posteriormente por, según he leído, malversación de fondos (probablemente quiera decirse apropiación indebida). Y luego vino Megaupload.

Me pregunto si este no es exactamente el perfil del especulador sin escrúpulos que todo el mundo tiene en mente como culpable prototípico de la crisis que sufrimos, incluyendo su rotundo aspecto de rico sobrealimentado. Me pregunto si cada vez que alguien proclama que esta crisis deberían “pagarla quienes la provocaron” piensa en gente como Schmitz. O si por el contrario resulta que con él hay que hacer una excepción, y que el día que se detiene a un especulador de escaso gusto como Schmitz tiene que ser, oh casualidad, justo el día en que toca disculpar a la gente como él porque, a fin de cuentas, en algo nos beneficiaba su negocio. Acabo de ver algún ejemplo en Facebook pidiendo su liberación con la infalible ilustración de V de Vendetta

El cierre de Megaupload me parece más una operación publicitaria para demostrar que las cosas van en serio que una acción sensata. Pero no nos llamemos a engaño: TODOS sabemos que la mayor parte de la mercancía que circulaba en Megaupload era ilegal, y TODOS sabemos que ese flujo de material protegido por derechos de autor era, precisamente, lo que hacía que Megaupload tuviera cerca de 50 millones de visitas diarias. Schmitz sabía también que eso era lo que le hacía rico, y lo que le permitía ingresar millones de dólares en sus cuentas, comprarse coches de lujo y reventarlos en rallies ilegales, alquilar yates y fotografiarse bronceado en un jacuzzi. El cabo de esta cuerda era un millonario, y no un Robin Hood que robaba estrenos a los ricos para dárselos a los pobres. Porque entre los ricos, no se olvide, estaba él.

Que Elliot Ness y los intocables irrumpan en sus oficinas y se lo lleven al calabozo no me parece mal; tengo una incapacidad natural para empatizar con gente como él. Pero las consecuencias van más allá de encarcelar a Schmitz: los servicios de intercambio y alojamiento de archivos son en esencia legales y de hecho son uno de los puntales sobre los que se asienta la Red. El uso que se haga de ellos puede ser irregular, y la responsabilidad de sus organizadores cuando conozcan que el tráfico de archivos en su negocio es altamente ilegal, lo consientan, lo alienten o -sobre todo- lo cobren, indiscutible.

Pero exigir de un servicio como Megaupload o Rapidshare que verifique la pureza legal de sus contenidos para funcionar es sencillamente un imposible. Para cumplir esa exigencia, los servicios deberían comprobar uno por uno cada archivo que se sube, lo que es ya directamente impracticable y, además, tropieza con la legalidad por el espinoso lado de la privacidad o, en su caso, de los datos personales. Además, esa verificación ralentizaría de tal modo la prestación del servicio que los convertiría en algo inútil, y los privaría de su principal función comercial. La solución de “firmar” digitalmente un compromiso de responsabilidad de cada usuario sobre el contenido que sube o transfiere es papel mojado: Youtube lo aplica, y en Youtube sigue habiendo infinidad de vídeos que infringen los derechos de autor.

Lo que hoy me pregunto también es qué sucede con los usuarios que tenían alojados archivos legales en Megaupload. Qué sucede con la gente que ha perdido informes, fotos o material de cualquier clase sobre el que tenían pleno y lícito poder de disposición. O qué va a pasar con los incautos que pagaron una suscripción premium a Megaupload…¿les va a devolver el dinero alguien?…alguien que no sea Schmitz, claro, conocido por no devolver ni el saludo.

Todo el monumental conflicto de Internet y la Propiedad Intelectual no se solucionará con el ingreso en prisión de Schmitz, aunque honestamente piense que la ficha policial es suya por mérito. Tampoco con una ciberguerra de Anonymous contra el mundo. Estamos en mitad de una selva que nos ha crecido bajo los pies, de golpe.