La copia privada no es propiamente un derecho, sino más bien un límite al derecho de otro, una suerte de paréntesis excepcional dentro del que puedo actuar porque las facultades exclusivas del autor o del cesionario del derecho de reproducción no alcanzan a impedírmelo, ya que así lo establece la Ley. La de copia privada no es una limitación natural. Quiero decir que no todas las legislaciones la contemplan (en el Reino Unido, por ejemplo, no fue legal hasta este pasado año), por lo que tiene algo de concesión.

La legislación española sí la regula, y lo hace en los artículos 25 y 31.2 de la Ley de Propiedad Intelectual de conformidad -en su actual redacción- con los Considerandos 38 y 39 de la Directiva Europea 2001/29/CE, de fecha 22 de mayo de 2001, así como su artículo 5.

Concretamente, nuestro artículo 31.2 dice lo siguiente:

<<No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente y la copia obtenida no sea objeto de una utilización colectiva ni lucrativa, sin perjuicio de la compensación equitativa prevista en el artículo 25, que deberá tener en cuenta si se aplican a tales obras las medidas a las que se refiere el artículo 161. Quedan excluidas de lo dispuesto en este apartado las bases de datos electrónicas y, en aplicación del artículo 99.a, los programas de ordenador>>

Vamos a referirnos fundamentalmente a este artículo, ya que es el que define propiamente qué es la copia privada. El artículo 25 subraya esta misma definición para fundamentar la razón de ser de la compensación equitativa, de la que nos ocuparemos en mejor ocasión.

Para que haya copia privada, lo primero que debe haber es una copia. Y esa copia la Ley nos dice -como es lógico- que es un acto de reproducción. Como tal acto de reproducción, el derecho a llevarlo a cabo es, en principio, exclusivo de los autores (artículo 18 de la Ley), por lo que sólo si ellos lo autorizan se podrá copiar / reproducir una obra, en todo o en parte. Sin embargo, la Ley establece el caso excepcional en que esa copia / reproducción sea lícita sin necesidad de contar con la autorización del autor.

Obviamente, para que haya una copia debe haber primero una obra original susceptible de ser reproducida. Sobre esa obra la Ley nos dice que debe estar divulgada, es decir, que debe haber sido hecha accesible al público (artículo 4).

En segundo lugar, para que esa copia obtenida de la obra original ya divulgada sea excepcionalmente lícita y no necesite la previa autorización del autor, deberá ser privada. Y por privada la Ley entiende la copia que lleve a cabo una persona física (nunca jurídica) para su uso privado. Aquí interpretaremos privado como personal, ya que la propia Ley nos dice que el uso que se dé a esa copia no podrá ser colectivo (es decir, no podrá involucrar a varias personas). Este es el sentido que explica la razón por la que sólo las personas físicas pueden acceder a la copia privada; las personas jurídicas no tienen esa privacidad en cuyo ámbito se inserta la copia privada de forma indispensable.

También nos dice la Ley que ese uso no podrá ser lucrativo, lo que significa que esa copia no podrá ser objeto de ninguna transacción ni explotación económica (la Directiva de 2001, en su artículo 5, indica que no tenga fines ni directa ni indirectamente comerciales).

Y fundamentalmente nos dice que, para que una persona física pueda copiar en todo o en parte una obra y usarla personalmente sin fin lucrativo, tiene que haber accedido a ella legalmente.

Aquí está el punto más complejo: qué puede entenderse por acceso legal. Desde luego, es acceso legal comprar un libro o un CD (o descargarlo legalmente de iTunes, por ejemplo), de manera que será copia privada legal fotocopiarlo para uso propio (individual) o grabarlo / duplicarlo en mp3. Puedo copiar el mp3 que he descargado de iTunes o puedo ripear el CD para transferir las copias a mi reproductor de mp3, o quemar un CD virgen para transferirle esos archivos y escucharlo en mi coche o en mi ordenador portátil. Lo que no puedo es hacer fotocopias para otras personas (ni mucho menos cobrarlas) ni tomar un archivo mp3 y subirlo de vuelta a la Red para que otras personas lo descarguen…si lo hicieran, esa reproducción que bajaran de mi archivo ya no sería copia privada (por eso -entre otras razones- las webs de descargas son ilegales). Tampoco puedo poner a la venta un CD duplicado, reproducido (por eso el top manta es ilegal). En cualquier caso, sí hay algo que debe quedar claro: el acceso legal no significa necesariamente acceso por precio.

La interpretación de qué sea un acceso legal no es tan complicada como a veces se pretende. Para desvelar qué sentido tiene, basta con permanecer atento a lo que la Ley dice, y a por qué lo dice. Si yo descargo un archivo mp3 de la Red que no proceda de un ofrecimiento legal (es decir, que no haya sido facilitado de forma identificable por el propio autor, o su productora / discográfica o por terceros con su autorización), el hecho de que mi conexión a Internet sea legal o de que la web desde donde lo descargo esté -al menos aparentemente- legalmente alojada en un servidor es algo indiferente. La legalidad del acceso se refiere a la obra original, y no al medio por el que llegué hasta ella.

Frecuentemente se confunden los conceptos de copia privada y copia de seguridad. La copia de seguridad no es una copia privada sino algo distinto: se aplica, por el artículo 100 de la Ley, exclusivamente a las obras informáticas (un archivo mp3 no es una obra informática, sino una obra musical vertida en un formato informático) y su sentido es el de garantizar la posibilidad de utilizar un programa por quien tiene legalmente derecho a usarlo. La copia de seguridad atiende a una finalidad de recuperación o salvaguarda de datos, luego tiene un fin práctico ligado al uso necesario del programa de que se trate. La razón de ser de una y otra es completamente distinta, por lo que ni es posible obtener una copia privada de un programa informático ni tampoco una copia de seguridad de una obra no informática.

Intentar -como en alguna ocasión he escuchado- una especie de comparación entre una y otra, pretendiendo que la copia de seguridad sí es algo limitado porque se permite su obtención solamente a quien tenga derecho a usar el programa original, mientras que la copia privada se refiere al acceso legal como si fuera algo accesorio o externo a la obra reproducible -e independiente del derecho a disfrutarla legalmente- es desviar de forma injustificada y artificial una interpretación mucho más clara: si has adquirido un ejemplar la obra original o lo has recibido legalmente del autor o de un tercero autorizado puedes copiar. Y si no, simplemente, no puedes.

¿Significa lo anterior que sólo puedo hacer una sola copia y una sola vez? En pura teoría sí, pero en realidad eso no implica que no puedas obtener varias sucesivas o simultáneas si el uso a que se van a destinar sigue siendo privado, no colectivo y no lucrativo. Otra cosa es que eso no tenga demasiado sentido práctico.

¿Es un derecho transmisible? Bien, no siendo propiamente un derecho sino una limitación, no es transmisible. Quiero decir que no puedo cederlo ni enajenarlo. Tampoco puedo presumir que actúo correctamente si adquiero un CD y hago una copia privada para un tercero, porque eso no es una copia privada, ya que el uso no es privado…la privacidad se refiere estrictamente  a mi como copista, y no a la persona a la que piense en entregar la copia quien, como tal, es un tercero y queda ya fuera de ella.