Todos hemos leído hoy mismo que la escritora Lucía Etxebarria ha sido acusada de plagio. En esta ocasión, una usuaria de Twitter ha identificado varios fragmentos de su libro “Mujeres extraordinarias” como copia de otros múltiples textos -muchos de ellos procedentes de internet- y ha difundido esta información, de la que se han hecho eco varios medios periodísticos entre los que se encuentran algunos que la escritora también utilizó, al parecer, como fuente para su libro.

En realidad, la mayoría de las coincidencias que la usuaria denunciante identifica como prueba de la existencia de plagio no tienen fundamento: se trata de artículos de Wikipedia o National Geographic en los que se señalan fragmentos supuestamente idénticos que no lo son más que porque refieren los mismos hechos (históricos), o contienen referencias intertextuales que son iguales, simplemente, porque se remiten a unas mismas fuentes documentales (la cita de la inscripción de una lápida o de una esquela publicada en un periódico de la época). Dicho de otro modo, que en una obra en la que se da cuenta de hechos reales de común conocimiento se relaten aquellos del mismo modo en que se han relatado antes en otras no solamente no es un plagio, sino algo inevitable: si Juana I de Castilla contrajo matrimonio con Felipe el Hermoso en 1496 en la ciudad de Lier, cualquiera que aborde una biografía de la reina hará referencia al hecho, al año y al lugar de la misma manera. Tampoco el hecho de que la estructura de los textos sea similar tiene aquí mayor importancia; se trata de textos biográficos en los que, como sucede en todos los de este tipo, se ilustra la vida de alguien siguiendo la cronología y los acontecimientos más relevantes de su vida. Es absurdo pensar que hablar de una escritora como Virginia Woolf o de Sylvia Plath haciendo hincapié en sus muertes -ambas se suicidaron- o en sus obras más destacadas signifique copiar a cualquiera que lo haya hecho antes, pues para aquel autor ambos datos habrán sido por fuerza igual de relevantes.

Sí es cierto que en uno de los episodios del libro se ha identificado una frase que aparece textualmente copiada de un artículo periodístico. La comparación entre el texto de Lucía Etxebarria y el del periodista César Cervera -publicado en el diario ABC en 2015- no deja lugar a la duda: la frase que dedica a los seis embarazos fallidos de Catalina de Aragón es idéntica a la publicada en el periódico años atrás. También lo es otra acerca del reinado de Juana I de Castilla y su hijo Carlos I. En ambos casos nos encontramos ante copias indiscutibles, pero… ¿puede hablarse de plagio?

La escritora se defiende en su cuenta de Twitter afirmando que, en España, no puede haber plagio si no se copian ideas y, al menos, diez frases de otra obra. Ambas cosas son falsas. La primera, porque no existe el plagio de ideas sino de obras, de manera que lo que puede plagiarse no es nunca una idea sino la forma en que está expresada. Y la segunda, porque no existe ninguna frontera de extensión del plagio según número de frases, ni ninguna norma que la contemple. Es otra leyenda, como la supuesta necesidad de que una pieza musical reproduzca al menos tres compases de otra para poderse considerar plagio. Todo esto es una invención.

Sin embargo, hay que recordar que para que exista un plagio sí tiene que haber una apropiación sustancial de todo o parte de una obra ajena, y eso es algo que parece que nos va a exigir algo más que señalar dos frases entre las 600 páginas de un libro. En mi opinión la copia -en sentido ordinario- es innegable, pero eso de momento no puede conducir a más que a objetar el valor creativo del libro de Etxebarria o el rigor de su documentación. Con lo que ha trascendido hasta el momento, calificar “Mujeres extraordinarias” como una obra plagiadora en sí misma me parece excesivo, y no podría sostenerse si no se identifica al mismo tiempo que existe una verdadera apropiación sustancial de otra u otras obras ajenas, es decir, una absorción de aspectos relevantes de aquellas.

Otra cosa es que, en vista del tipo de obra que es “Mujeres extraordinarias” (una colección heterogénea de retratos biográficos, generalmente breves), no pudiéramos encontrarnos ante un fenómeno nuevo -y verosímil en la era de internet-: un collage de correspondencias intertextuales construido casi íntegramente sobre la utilización de multitud de fuentes de las que se hubieran extraído fragmentos breves o no sustanciales por sí mismos de forma aislada hasta componer textos complejos. No creo desde luego que sea el caso, pero tampoco me parece extraño que tarde o temprano nos encontremos con uno.