La sección tercera de la Audiencia Provincial de Navarra acaba de dictar hoy mismo la sentencia que resuelve el recurso de apelación promovido por el dibujante Mikel Urmeneta -junto a los dibujantes Mikel Santos y Txema Sanz– frente a la sentencia del Juzgado de lo Mercantil nº 1 de Pamplona que, el pasado 10 de marzo de 2017, estimó la demanda interpuesta por la empresa Kukuxumusu Ideas, S.L. contra ellos.

En aquella demanda se solicitaba declarar la prohibición para los demandados de reproducir y distribuir cualquier dibujo perteneciente a lo que se definía (de forma cuando menos un poco incierta) como el universo Kukuxumusu, estimando que los dibujos y productos que Urmeneta había venido explotando a través de su marca Katuki Saguyaki no eran sino reproducciones o transformaciones ilícitas de otros dibujos anteriores que él mismo había cedido en exclusiva a Kukuxumusu, razón por la que no tenía derecho a utilizarlos.

Resumiendo mucho su contenido, la sentencia recurrida resolvía que los dibujos cedidos por Mikel Urmeneta a Kukuxumusu, en la medida en que contenían representaciones de su personaje Mr. Testis, implicaban que Kukuxumusu era quien tenía derecho no solo a emplear aquellas obras, sino también a transformarlas utilizando ese mismo personaje (el toro azul que todos conocemos) en cuantas otras pudiera generar: cualquier dibujo nuevo en que apareciera Mr. Testis pasaba a ser, a través de aquella cesión, una transformación de los que se habían adquirido, y solo Kukuxumusu podía disponer de ellos. En la medida en que la repetida cesión (que por supuesto incluía el derecho a la transformación de las obras) había sido exclusiva, Mikel Urmeneta no podría volver a aprovechar su personaje.

Sin embargo, la Audiencia de Navarra estima ahora lo contrario: ceder dibujos no equivale a ceder personajes, de modo que Kukuxumusu solo es dueño de las obras que recibió y, aun teniendo derecho a transformarlas, no por ello puede generar otras nuevas y distintas sin relación con las que adquirió de su autor. Mikel Urmeneta conserva su derecho a dibujar a Mr. Testis, y a explotar los nuevos dibujos que cree con su personaje.

Intentemos explicarlo: el dibujo es una creación gráfica, una ideación materializada en unas formas y colores que, si tienen un mínimo de originalidad, merecen la consideración legal de obra, y contiene una serie de derechos para su explotación que pertenecen al autor. El autor puede hacer con esos derechos lo que quiera: puede aprovecharlos por sí mismo o puede cedérselos a otra persona para que los use. Incluso puede entregarlos en exclusiva, de modo que, desde ese momento, esa persona cesionaria será la única que pueda emplearlos. En este caso, ni siquiera el autor podrá explotar ya la obra.

El personaje, en cambio, es una abstracción: Batman, Tintín o el toro Mr. Testis son en realidad conceptos, aunque no puedan pensarse fuera de la forma estética a través de la que se conocen por el público. Esa representación puede ser modificada más o menos, pero siempre será reconocible: Batman ha sido dibujado infinidad de veces por decenas de autores a lo largo del tiempo, y cada uno de ellos ha aplicado su propio estilo al personaje… todos esos Batman son algo diferentes entre sí, pero todos son el mismo Batman.

Lo importante aquí es diferenciar que el personaje y la obra son cosas distintas: si un personaje puede representarse de maneras diferentes a través de los dibujos a que está incorporado, cada uno de esos dibujos será, en cambio, una obra distinta, con sus propios derechos. Y esos derechos, como hemos dicho, pueden ser cedidos a terceros por parte de su autor.

En el caso que ha resuelto la Audiencia Provincial, esa diferencia se explica de la siguiente manera: los derechos de explotación que se cedieron contractualmente -dice en su página 15- lo fueron sobre cada uno de los dibujos referidos en los contratos y no los derechos de explotación sobre los personajes incluidos en tales dibujos. Por lo tanto, los derechos de explotación sobre los personajes individualizables que se contienen en los dibujos siguen perteneciendo a los autores, con el límite de aquellas representaciones concretas de los mismos que integran los dibujos objeto material de los contratos de cesión. Dicho de otro modo: si yo cedo los derechos para explotar un dibujo concreto -o varios dibujos- en que aparece un personaje en una determinada situación y autorizo a quien recibe esos dibujos además a transformar mi obra, lo que podrá hacer es modificar ese mismo y concreto dibujo, pero no utilizar al personaje en otros distintos que no guarden ya relación con los que se le cedieron. Puedo redibujar a Batman a partir de un dibujo que se me ha cedido, pero no puedo inventar una nueva viñeta sin ningún parecido con aquel y representarlo en ella.

Uno de los argumentos que el dibujante Mikel Urmeneta defendía a propósito de este caso era que fundir dibujo y personaje como si fueran una misma cosa era una limitación injustificada de los derechos de los autores. En esto se puede convenir: si el autor que idea un personaje, al ceder en exclusiva dibujos en los que ese personaje aparece, pierde el derecho a seguir representando su propia creación, pocas razones le quedarán para seguir dibujando. Las cesiones de derechos exclusivos que en su momento Urmeneta hizo en favor de Kukuxumusu deben entenderse referidas estrictamente a los dibujos particulares que cedió. Y si entre los derechos que entregó estaba el derecho a transformar las obras, ese derecho no puede ir más allá de la modificación de los dibujos que se entregaron a Kukuxumusu, sin alcanzar a la creación de otros nuevos y diferentes, y mucho menos a la prohibición de que el autor siga representando su personaje libremente. Lo que Urmeneta no podrá hacer será aprovechar esos dibujos que cedió, ni replicarlos o modificarlos, pero sí idear y realizar otros nuevos, explotándolos como quiera… En este sentido, la sentencia de la Audiencia llega a decir, y en mi opinión con pleno acierto, que impedir tal cosa incluso supondría una lesión del derecho a la producción artística que garantiza el artículo 20 de la Constitución.