Cuando pensamos en ropa deportiva es muy probable que, seamos conscientes o no, lo que en realidad visualicemos sean logos. Las prendas de ropa deportiva (las zapatillas, las camisetas, casi cualquier equipamiento) suelen distinguirse por el empleo de colores planos y patrones geométricos, en los que habitualmente irrumpe el logotipo del fabricante como un elemento estético disruptor de esa unformidad y, al mismo tiempo, como signo identificativo de la procedencia de la prenda.

Este es un criterio casi universal; se nos hace difícil representar cualquier zapatilla Nike sin el logo que todos conocemos en sus laterales, igual que nuestra idea de una sudadera Puma difícilmente vendrá a la memoria si no lo hace acompañada de la silueta de un felino en pleno salto. Es un hecho que las compañías fabricantes incorporan su logo como un rasgo ampliamente visible en las prendas, concediéndole un tamaño y una presencia estética mucho mayores que en otros sectores de la industria textil. Solo en los últimos años hemos podido ver cómo esta práctica comenzaba a ser imitada en otros campos como la alta costura, y ello en buena medida por la elevación a rasgo chic de ciertos aspectos de las prendas deportivas, que se aplican ahora por algunas marcas a tejidos o cortes en principio muy distintos; hace tiempo que el pantalón de chándal parece haberse canonizado como una prenda icónica que Versace -por poner un ejemplo- puede reinterpretar a precio de metal precioso.

Si pensamos en Adidas (una de las firmas más conocidas de ropa deportiva en todo el mundo), la imagen con que identificamos sus productos es, claro, su logo: tres hojas unidas y atravesadas por tres líneas horizontales paralelas. Sin embargo, es probable que también podamos reconocer sus productos por el uso constante de esas tres líneas paralelas solamente: verticales en mangas o gorras, oblicuas en zapatillas… La cuestión es que Adidas no tenía registradas esas tres líneas como marca independiente hasta que, en el año 2013, solicitó su registro ante la EUIPO. La Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea accedió a la solicitud en un primer momento, pero terminó aceptando la oposición de una compañía competidora belga (Shoe Branding Europe BVBA), que objetaba que esas tres bandas paralelas no tenían un verdadero carácter distintivo por sí solas, ni por su diseño ni por el uso que Adidas había hecho de ellas en el territorio de la UE, y que por lo tanto no podían ser aceptadas como marca. Adidas, en fin, vio frustrado su registro.

BVBA tenía sus motivos para oponerse; cuatro años antes, en 2009, había sido precisamente Adidas quien se había opuesto a la solicitud de los belgas de obtener el registro de un modelo de zapatilla con dos bandas paralelas laterales, oposición que prosperó. Adidas en aquella ocasión objetaba que las dos rayas de BVBA se parecían demasiado a sus tres rayas, y que BVBA estaba intentando aprovecharse de su reputación en el mercado con un diseño que recordaba demasiado a los suyos. Esta guerra de líneas paralelas tuvo más batallas: a la ganada por los belgas en 2013 impidiendo el registro de Adidas se sucedieron, en 2015 y 2016, dos nuevos rechazos de la EUIPO para que BVBA lograra el registro de las suyas.

Adidas, como era de suponer, recurrió la denegación de 2013. Y hace poco más de un mes, el TGUE (Tribunal General de la Unión Europea), confirmó el rechazo de EUIPO y los criterios de oposición de BVBA que había hecho suyos en una Resolución: las tres líneas paralelas -a criterio del Tribunal- no han obtenido un carácter distintivo en toda la UE por su uso, de tal forma que los consumidores puedan distinguir de forma indiscutible que el que las incorpora es un producto de Adidas y no de cualquier otra empresa. Según el Tribunal, Adidas ha conseguido demostrar ese uso distintivo solo en cinco países, pero no en todo el territorio de la UE. A ello debe añadirse que el TGUE considera que la pretendida por Adidas no es una marca de patrón (es decir, una marca compuesta por la repetición regular de una serie de elementos), sino una marca figurativa ordinaria, de manera que la solicitud -que lo era de las tres bandas en color negro sobre fondo blanco- no podría amparar la representación de esas tres mismas bandas en otro color distinto ni sobre otro fondo diferente. Dicho de otro modo: las tres rayas blancas deberían en su caso ser objeto de otra solicitud de registro independiente.

El nudo añadido de esta historia (aún provisional, en la medida en que Adidas tiene un plazo de dos meses para recurrir la decisión del Tribunal) lo hizo el mismo TGUE, que el año pasado confirmó del mismo modo el rechazo de la solicitud de BVBA para sus dos rayas entendiendo que efectivamente era demasiado parecido al de Adidas, y que -al mismo tiempo- este último sí era notorio…