La noticia que acaba de aparecer en los medios es bien sorprendente: las compañías Warner/Chappell, Sony ATV, Universal Publishing, BMG y Peermusic habrían decidido retirar sus catálogos de la Sociedad General de Autores, eliminando la mayor parte de sus repertorios. Cinco socios multinacionales cuyas obras gestionadas por SGAE representan más de la mitad de los derechos de radiodifusión en España, con una millonaria recaudación por derechos editoriales y artistas de alcance multitudinario que de pronto solicitan la baja simultáneamente, constituyen un muy serio problema para la entidad de gestión más importante de España.

¿Las razones? Fundamentalmente, su disgusto por el criterio de reparto de las recaudaciones, que consideran injusto: los grandes nombres representados por estas compañías (artistas como Rolling Stones, Bruce Springsteen o Beyoncé, entre otros muchos) no obtienen un retorno proporcionado a la difusión real de sus obras. Pero no se trata solamente de un descontento porcentual. La paciencia de estos socios se ha visto colmada por el escándalo de la rueda, una trama bajo investigación judicial que proporcionaba ingentes beneficios a algunos socios de forma cuando menos extraña, y que suponía unos ingresos exorbitantes en condiciones sorprendentes: obras de autoría dudosa que se difundían a través de canales televisivos en horarios de baja audiencia y arrojaban ingresos en ocasiones superiores a los obtenidos por artistas de verdadera proyección.

Este escándalo de la rueda es la enésima piedra en el zapato de la SGAE. La estruendosa gestión de Teddy Bautista terminó con procesos judiciales, detenciones y registros en la sede de la Sociedad y, desde entonces, la que debería ser una institución transparente y modélica ha quedado bajo sospecha. Denunciar la rueda le costó el puesto a su presiente Antón Reixa (por más que su proceder al destapar la trama fuera discutible en las formas), y la SGAE no ha logrado recomponer su imagen.

El problema de la SGAE es grave, y lo es para todos los creadores y editores, para el sector cultural español en todo su alcance. Ni la Sociedad ha sabido nunca defender su gestión ni ha sido convincente en la defensa de su función. Los medios de comunicación se han hecho a veces eco de forma sensacionalista de denuncias o medias verdades interesadas que nadie ha sabido atajar. La Sociedad no tiene defensa posible en casos como el de Bautista, pero tampoco ha logrado recomponerse ni explicar, cuando sí la tiene, qué es o para qué está. Ha fallado ante la extensión de la idea de que opera como un servicio de recaudación arbitrario sin conseguir rebatir eficazmente a sus agitadores, ha fracasado en dar la batalla frente a la frivolidad con que se ha acogido socialmente el fenómeno de la piratería, y ni siquiera ha sabido involucrar eficazmente a sus socios en una defensa honesta de su función.

Siempre he echado de menos a los artistas cuando se han suscitado las polémicas en torno al funcionamiento de la Sociedad; pocos han salido a la luz para defender qué hace la SGAE por ellos, y aún algunos han preferido mirar para otro lado cuando se atacaba de forma indiscriminada a sus representantes. Ramoncín puede resultarle antipático a quien quiera, pero el grueso de las críticas que se le dirigían se agotaban en reprocharle, con toda simpleza, que trabajara para SGAE, como si el personaje artístico que creó en los 80 exigiera alguna clase de absurda lealtad por parte del propio artista… que incluyera no velar por sus derechos o involucrarse en la gestión legal de los de los demás. Parece que eso hubiera decepcionado terriblemente a un público que prefiere sentirse auténtico a velar por los suyos.

No parecemos darnos cuenta de que la crisis de la Sociedad desencadena un perjuicio gravísimo para la industria cultural, industria a la que -y parece increíble tenerlo que repetir- pertenecen esencialmente los artistas. El verdadero problema es que salir a defender a la Sociedad y su gestión, combatir los lugares comunes asentados de forma interesada en su contra o pelear por su rehabilitación como la pieza fundamental que debe ser en el panorama cultural es algo que se complica extraordinariamente si SGAE no comienza por ayudarse a sí misma y erradica, desde su propio interior y con firmeza, las irregularidades. O alguien para esta rueda o seguirán saltando socios del carro.