¿Puede un escritor jubilado percibir ingresos por sus obras y cobrar al mismo tiempo una pensión?… ¿Debe elegir entre esos ingresos o su pensión de jubilación, tal vez plantearse dejar de escribir para conservarla? La Inspección de Trabajo ha examinado los ingresos de creadores como el Premio Cervantes Antonio Gamoneda, entidades como ACE, SGAE o VEGAP han lanzado una campaña solicitando una modificación de las leyes, los partidos políticos han incluido en su agenda una revisión del régimen de Seguridad Social. ¿Qué está sucediendo?

Actualmente en España el artículo 213.4 de la Ley General de la Seguridad Social (de acuerdo con su última modificación a través del Real Decreto Legislativo 8/2015, del pasado mes de octubre), establece que el percibo de la pensión de jubilación será compatible con la realización de trabajos por cuenta propia cuyos ingresos anuales totales no superen el salario mínimo interprofesional en cómputo anual. Esta es una de las salvedades que la Ley establece, en el mismo artículo, respecto del criterio principal de incompatibilidad entre la pensión de jubilación y el trabajo remunerado de los pensionistas. Lo que la Ley tolera es que los pensionistas puedan cobrar su pensión y desempeñar al mismo tiempo actividades de carácter residual, algo que ya se encontraba admitido, por ejemplo, para quienes tuvieran reconocida una incapacidad permanente de grado absoluto.

En relación con los escritores profesionales, surgen algunas cuestiones particulares que complican el análisis de su situación. En realidad, los escritores siempre han tenido un encaje complicado en la legislación española; no se integraron en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos hasta 1986, disfrutando solo desde 1970 de un régimen propio. Convendremos además en que el perfil profesional de un escritor es algo difícil de uniformar… muchos no obtienen más rendimientos que los anticipos y las cantidades pactadas con las editoriales por ventas de sus obras, pero algunos suman además ingresos regulares por actividades como la colaboración en medios de comunicación. Son los menos, pero esas actividades añadidas pueden representar una parte importante de sus ganancias. Para otros más, lo que habrá que tener en cuenta son los ingresos por la realización de actividades profesionales simultáneas, tanto por cuenta propia (habitualmente, la traducción) como ajena.

Sin embargo, la verdadera complicación llega a la hora de valorar los ingresos que reciban en concepto de derechos de autor. Estos ingresos proceden de una propiedad inmaterial sobre sus trabajos (la propiedad intelectual), y puede ser que se perciban mucho tiempo después de haber realizado las obras que los generan. Independientemente de la consideración que quepa atribuirles desde el punto de vista fiscal, el problema radica en determinar si su percepción en un momento determinado debe computarse a efectos de superar o no ese tope legal y puede, por ello, conducir a la incompatibilidad respecto de la pensión de jubilación.

No es un problema menor, en la medida en que puede plantearse en situaciones muy distintas: no debería ser igual el tratamiento que reciba un ingreso por derechos de autor derivado de una obra escrita y publicada (en el sentido de haber sido puesta en explotación) antes de acceder a la condición de jubilado que el correspondiente a una obra explotada cuando el autor ya lo estaba. En el primer caso se trata claramente de una cantidad que llega al escritor de una forma más bien irregular y que además se corresponde con un trabajo realizado durante su vida activa, esto es, antes de haberse jubilado… parece claro que sumarla directamente a efectos de compatibilidad de la pensión sería excesivo.

Otra fuente de problemas podría encontrarse en ingresos parecidos por lo excepcional de su producción: ese sería el caso de un premio literario recibido por el escritor, que tanto podría otorgarse por un libro publicado antes de jubilarse como por uno editado después, o bien como un reconocimiento a su trayectoria sin relación especial con ninguna de sus obras (así, el Cervantes que obtuvo Gamoneda en 2006). Tampoco parece que en estas condiciones dar un tratamiento único a esos ingresos sea lo adecuado.

Cierto que los casos en los que estas ganancias superen el cómputo anual del salario mínimo interprofesional (establecido hoy en España en 9.172,80 euros) no son frecuentes. Pero el hecho es que existen y que, cuando se dan, obligan al autor a solicitar la compatibilidad entre los ingresos recibidos y la pensión por la que ha estado cotizando. Si esa compatibilidad se deniega interpretando las normas legales, el escritor deberá escoger entre la pensión o los ingresos, exponiéndose además a cargar con una sanción y la obligación de devolver las prestaciones recibidas si no informó a la Seguridad Social a tiempo de la situación en que se encontraba.

Fijar criterios claros en esta materia es ya una tarea pendiente para el próximo gobierno, si es que logramos entendernos para formar uno.

(publicado en Diario de Navarra, lunes 7 de marzo de 2016)