El pasado día 2 de diciembre de 2015, Syed Farook y su esposa Tashfeen Malik irrumpieron armados en un centro de asistencia para discapacitados en San Bernardino (California) y mataron a 14 personas, hiriendo a más de veinte. Farook y Malik huyeron tras el tiroteo hasta ser interceptados y abatidos por la policía. Las investigaciones vincularon el ataque al extremismo islamista tan pronto como se conoció la actividad de ambos en las redes sociales, en las que se habían declarado seguidores del Estado Islámico.

En el vehículo en el que fueron tiroteados, la policía encontró las armas utilizadas en el ataque, dos pistolas de 9 milímetros y dos fusiles de asalto AR-15 que habían sido adquiridos por Enrique Márquez, amigo de la pareja, quien fue inmediatamente detenido. Junto a las armas, otra evidencia importante: el teléfono de Farook, un iPhone 5C.

El teléfono se encontraba bloqueado, y todos los intentos del FBI por acceder a su contenido (las llamadas entrantes y salientes, los mensajes) han fracasado. El software del teléfono incorpora un mecanismo de seguridad que elimina todos los datos de su memoria interna si se intenta acceder al mismo tecleando una contraseña errónea más de diez veces: cuatro dígitos, diez fallos y el teléfono se borra.

Apple incorpora este mecanismo de seguridad para proteger a sus clientes en caso de pérdida o robo, pero esa ventaja tecnológica se ha convertido ahora en un problema para la compañía. Porque el FBI exige a Apple que intervenga ese software y permita que sus investigadores accedan al iPhone de Farook, y lo ha hecho a través de una orden judicial emitida por el Tribunal de Distrito de Los Angeles. El FBI pretende poder introducir un número ilimitado de contraseñas para desbloquear el teléfono, aplicando las 10.000 combinaciones posibles de códigos hasta dar con la que funciona.

Apple se niega. Su director ejecutivo, Tim Cook, ha rechazado habilitar una “puerta trasera” para el sistema operativo de sus teléfonos. Eso sería como agujerear su propiosoftware y, si bien se trata de un caso excepcional en el que entran en juego cuestiones de seguridad nacional, no dejaría de abrir una grieta peligrosa en los protocolos de protección que podría terminar afectando gravemente al derecho a la privacidad de sus millones de clientes. Y es que crear un software que neutralizara los dispositivos de seguridad de Apple introduciría un nuevo riesgo: si cayera en manos inadecuadas, un número indeterminable de hackers al servicio de cualquier interés (gubernamental o criminal) podría acceder a información ilimitada de todos los usuarios de Apple.

Las principales empresas tecnológicas se han alineado en favor de Apple: Aol, Google, Microsoft, Twitter, Facebook y LinkedIn han suscrito comunicados de apoyo expresando su rotunda negativa a construir puertas traseras para sus sistemas.

En el lado contrario, la Casa Blanca defiende que sólo se trata de un único teléfono y no de una ruptura de la seguridad general de los productos fabricados por Apple. Y Donald Trump, con su habitual inteligencia, ha llamado al boicot de los productos de Apple mientras la empresa no acceda a las demandas del FBI.

Ahora Apple dispone hasta el 26 de febrero de plazo para responder a la orden judicial y defender su negativa. Independientemente del procedimiento ante el Tribunal, el Comité Judicial de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos ha convocado a la compañía a una reunión el próximo día 1 de marzo.

(publicado en Huffington Post, 23 de febrero de 2016)