La Ley de Propiedad Intelectual no define qué debe entenderse como obra; lo será toda creación del ingenio humano de naturaleza literaria, artística o científica susceptible de ser representada o comunicada mediante cualquier medio o soporte. El artículo 10 de nuestra Ley hace una enumeración extensa de distintos tipos de obras, incluyendo libros, piezas musicales, dramáticas, audiovisuales…, también los proyectos arquitectónicos o los programas informáticos, por ejemplo. Pero no es una lista cerrada: cualquier expresión creativa que cumpla las condiciones que permitan aceptarla como creación original podría ser, en principio, una obra dotada de derechos.

Existen realidades resbaladizas que se resisten a la clasificación, y tal vez las más conflictivas sean los formatos televisivos. Un formato televisivo es la ideación y estructura de un programa de televisión. Hay formatos televisivos comunes a todas las cadenas que no ofrecen problemas (los programas informativos), pero también hay otros que no solo pueden considerarse originales, sino que además son enormemente rentables (el formato de programas como Operación Triunfo o Gran Hermano, mil veces imitados) y problemáticos…. Las productoras y las cadenas de televisión siempre buscan protegerlos a fin de evitar que se copien.

Un formato televisivo, sin embargo, no es fácil de encajar en nuestro concepto legal de obra. Una sentencia del Juzgado de lo Mercantil núm. 12 de Madrid condenó en 2011 a la cadena Telecinco por plagiar el formato del programa Tengo una pregunta para usted de RTVE, y lo hizo entendiendo que los formatos sí podían considerarse obras en sentido legal, en la medida en que cabía equipararlos al argumento, el guión o los diálogos de una obra audiovisual. La sentencia (luego revocada por la Audiencia Provincial de Madrid, que dio finalmente la razón a Telecinco) venía a decir que, si ese formato contenía con suficiente detalle el planteamiento del programa y sus distintos elementos, podía protegerse.

La realidad es que esta es una conclusión discutible por varias razones, y que vuelve a la actualidad a través de otro litigio en el que es parte, de nuevo, Telecinco. En este caso la pelea enfrenta a la cadena con la productora ITV Global a costa del formato del programa Pasapalabra, que ITV considera copiado por el grupo Mediaset. ITV ya había demandado a la entidad Europroducciones TV por el registro indebido en España de Pasapalabra como marca, y logró que los Tribunales lo anularan por considerarlo de mala fe. Ahora, el conflicto se dirige al propio programa, en torno al que Mediaset había instado el registro del conocido rosco alfabético, introduciendo cambios en la estructura del mismo para diferenciarlo. Pese a estas modificaciones, ITV sigue estimando que Pasapalabra no es más que una versión de su formato The alphabet game, cuya estructura básica es similar (preguntas sobre palabras que empiecen o contengan una determinada letra del alfabeto), por lo que se trata de una simple apropiación de su formato. Creo, no obstante, que estas son materias más propias de la competencia desleal que de la propiedad intelectual, y que el concepto plagio resulta difícil de aplicar.

La Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión creó en 2011 un Registro de formatos para tratar de armonizar su uso en España, pero el hecho es que se trata de un Registro no oficial… y sin verdadera eficacia legal. A día de hoy, las productoras y las cadenas se sirven de medios como el registro de las «biblias» de los programas como obras literarias (lo que no protege exactamente al programa como tal) o de emisiones piloto como obras audiovisuales. Pero ninguno de estos procedimientos puede impedir, en realidad, que en la parrilla convivan tertulias y concursos muy similares… en una cadena diez famosos van a una isla, en otra a una granja, en esta saltan por turnos en una piscina y en aquella ocupan una pista de baile.

Publicado en Huffington Post, 04/09/2015