Es bastante frecuente abrir el correo de esta web y encontrar consultas que dirigen personas interesadas en crear un coworking. Las preguntas que se dirigen a LegArs en este sentido suelen ser muy amplias: “me gustaría saber cómo crear legalmente un espacio coworking… ¿Tengo que crear una ‘empresa’? ¿Hay que ser autónomo? ¿Tenéis contratos de alquiler para los coworkers?

Tomando estas preguntas como modelo (en la medida en que resumen bastante bien el género de dudas que manifiestan las personas que se dirigen a LegArs preocupándose por este asunto), intentaré dar una respuesta general:

¿Hay que crear una empresa para gestionar un coworking? Una empresa es una ordenación de recursos personales y materiales aplicados a la realización de una actividad económica. Las empresas se crean para desarrollar actividades productivas de cualquier tipo que generen beneficios. En principio, una persona dedicada a una pequeña actividad económica por cuenta propia es tan empresario como el accionista mayoritario de una multinacional, igual que un bar es tan empresa como una planta de producción a gran escala. De manera que la respuesta es sí, si creas y gestionas un coworking ya estás creando una empresa, porque tu coworking es tu empresa.

Lo que probablemente se quiere preguntar es si hay que crear una sociedad. Y la respuesta es no, no es indispensable. Una sociedad es un contrato por el cual dos o más personas se obligan a poner en común dinero, bienes o industria, con ánimo de partir entre sí las ganancias. Eso dice el artículo 1.665 del Código Civil. Es una definición básica para las sociedades civiles que habría que extender mucho, porque existen muy distintos tipos de sociedades: las hay civiles y mercantiles, las hay unipersonales, las hay limitadas y anónimas… también existen otras figuras jurídicas afines (como las comunidades de bienes). Este no es el momento para exponer la tipología completa de sociedades que conocen nuestras leyes, pero bastará con dejar claro que también una persona individual puede crear y gestionar un coworking en nombre propio sin constituir ningún tipo de sociedad. Si se trata de varias personas conjuntamente, lo correcto es darle una forma societaria, aunque eso también dependerá de qué y cuánto va a aportar cada uno, de qué tipo de actividad se va a desarrollar… Por lo común, las pequeñas explotaciones no individuales admiten bien una sociedad civil, aunque también se puede crear una sociedad de responsabilidad limitada porque su coste de constitución es relativamente bajo (el capital mínimo, redondeando, es de 3.000 € frente a los 60.000 € que la Ley exige para una sociedad anónima), si bien hay que tener en cuenta que se asumen otras responsabilidades y gastos (hay que redactar unos estatutos, elevarlos a escritura pública, inscribir la sociedad en el Registro Mercantil, atender a obligaciones contables y fiscales específicas, cumplir con las convocatorias de juntas de socios, nombrar órgano de administración, elaborar y depositar cuentas anuales…) Si tu coworking va a ser pequeño y sois varias personas tal vez ponerlo en marcha sea mejor bajo la fórmula de una sociedad civil que, aunque no tiene la ventaja de la limitación de responsabilidad que proporciona una sociedad limitada, resulta mucho más barata y de gestión enormemente más sencilla. Si en un futuro las cosas van bien, siempre tienes tiempo de dotarte de una estructura más compleja.

¿Hay que ser autónomo para crear y gestionar un coworking? Desde el momento en que estás empleando tu tiempo y tus recursos en una actividad económica, la respuesta es sí. Un trabajador autónomo es una persona física que de forma habitual, personal y directa, fuera del ámbito de dirección y organización de terceros, realiza una actividad económica o profesional por cuenta propia y con fines lucrativos, tenga o no tenga trabajadores a su servicio. Eso dice el Estatuto del Trabajo Autónomo en su artículo 1, y es una definición bastante amplia. De manera que si vas a desarrollar una actividad económica, debes darte de alta como trabajador autónomo y pagar mensualmente a la Seguridad Social tu cuota, previa alta en el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) ante tu Ayuntamiento. Ese Impuesto también lo pagas, aunque tiene una periodicidad más extensa.

La cuota de autónomos de 2.015 para la base mínima de cotización es de 264,44 € mensuales. La del IAE depende de la actividad. Aquí es donde entra la primera polémica, y es cómo se va a calificar esa actividad. Mi experiencia dice que cuando me he dirigido a un Ayuntamiento para explicar en qué consiste un coworking, los gestores municipales lo identifican siempre con el alquiler de locales industriales o de negocio. Es decir, que entienden que te vas a dedicar a arrendar espacios de trabajo a terceras personas, porque esa es la categoría normativa que se aplica habitualmente. Ese factor está en relación con la eterna discusión acerca de si un coworking es un arrendamiento de local o de servicio (sobre eso ya se ha debatido aquí varias veces), en razón de la vinculación del espacio físico material a la actividad de cada coworker. Solo puedo recomendaros en cada caso paciencia y tratar las cosas lo mejor posible con vuestros respectivos Ayuntamientos.

Por fin, en lo que se refiere a las modalidades contractuales, lo que desde aquí hemos hecho siempre es plantear distintos tipos de contrato: uno de arrendamiento de espacio de trabajo / local para coworkers permanentes, otro de puro servicio para coworkers ocasionales o itinerantes. También soy partidario de crear un reglamento de uso del coworking para todos, en el que se especifiquen todas las cuestiones prácticas de uso de espacios y elementos comunes, turnos de reserva, etc. Pero no soy muy partidario de establecer un modelo general, en la medida en que cada coworking tiene sus propias características y sus propias particularidades.