Esta es la historia de una guerra. En todas las guerras hay bandos, alianzas y batallas. En la nuestra los enemigos son Amazon y el grupo editorial Hachette, aunque en el campo de batalla también aparecen DisneyWarner y una formación de escritores. El campo de batalla es, por supuesto, internet. Y eso significa que los disparos pueden escucharse desde nuestras tablets o dispositivos de lectura de libros electrónicos.

Amazon es en este momento el mayor distribuidor y comercializador de libros electrónicos del mundo. La compañía de Jeff Bezos se adelantó a cualquier competidor apostando por el formato electrónico desde el principio, y tratando de acaparar el mercado desde todos los frentes: reunir el mayor catálogo de obras posible, lanzar su propio dispositivo lector –kindle-, favorecer la venta jugando con descuentos, ofertas o ajustes de precios estratégicos para invitar al público a la compra anticipada de novedades.

Hachette es un grupo editorial francés con fuerte presencia en el mercado internacional y, por supuesto, norteamericano. Hachette maneja unas respetables cifras de negocio global (más de 2.000 millones de euros) y controla más de 150 sellos editoriales en todo el mundo. Hachette distribuye y vende sus títulos a través de Amazon, pero Amazon no está conforme con sus precios: para vender títulos de Hachette, Amazon exige que el grupo baje sus precios. El argumento de Amazon es que los que Hachette impone son demasiado altos y no permiten ofrecer descargas a un importe aceptable para sus clientes. Hachette, por su puesto, defiende que nadie salvo el propio grupo puede decidir los precios de sus títulos.

A partir de ahí, Amazon pasa a la ofensiva: Hachette denuncia que Amazon ha dilatado los plazos de entrega de sus obras, que ha reducido los descuentos en ellos e, incluso, que propone a los usuarios sugerencias sobre libros más baratos de otras editoriales cuando pretenden adquirir uno de su grupo.

Aquí entran en acción los autores: escritores de renombre como Stephen KingJohn Grisham o Paul Auster secundaron una iniciativa (bajo el nombre Authors United) para denunciar estas prácticas y alentar a los usuarios a protestar contra ellas. Más de 900 escritores de distintas editoriales apoyan ya esta contraofensiva,demandando que Amazon deje de bloquear la venta de libros y se abstenga de impedir o tratar de disuadir a los clientes de pedir o recibir los libros que desean. El precio es el que es, y solo el usuario final puede decidir si lo paga o no.

Pero Amazon no recula. Por el contrario, abre nuevos frentes contra productoras cinematográficas por razones similares. Y su método de presión es contundente: Amazon ha decidido no permitir encargar por adelantado nuevos estrenos de Disney como Maléfica o la última entrega de Capitán América, igual que ya hizo con Warner, cuyas películas también se quedaron sin la posibilidad de encargo en preventa. Estas compras anticipadas (la reserva de títulos en víspera de que aparezcan) eran una importante fuente de ingresos para las productoras.

Y el pulso continúa. Treinta años después de 1984, Orwell se quedaría aturdido. Sus herederos también; Authors United cuenta con su simpatía, especialmente desde que Amazon lo invocó en apoyo de su postura, recordando su oposición en los años 30 a la irrupción del formato de bolsillo, que lo enfrentó a Penguin.

publicado en Huffington Post España