Las acusaciones de plagio, en ocasiones, son como la varicela: hay que pasar al menos por una para poderse considerar un artista de renombre. A Lady Gaga el renombre ya le había llegado, pero la varicela va a tener que afrontarla a manos de Orlan, una artista plástica francesa que la acusa de haber plagiado su universo en la portada y otro material gráfico de su disco Born this Way. Si las informaciones son exactas, Orlan prepara una demanda y solicita medidas cautelares como el cese de la distribución del disco en Francia, o la retirada de todo material gráfico (especialmente audiovisual) que lo acompaña.

El origen de la controversia: la fotografía de cubierta de Born this Way muestra una imagen de Lady Gaga perfectamente retocada en la que su rostro exhibe implantes en los pómulos y la frente, protuberancias que deforman su cara dándole un aspecto extraterrestre. Orlan considera que esa decoración supone un plagio de sus propias obras (Orlan se hizo implantar unas piezas de silicona en las sienes que le dan un aspecto similar al que luce Lady Gaga).

No hay duda de que el aspecto de Lady Gaga en la portada y las fotografías promocionales de Born this Way resulta al menos vagamente parecido al de Orlan. Sin embargo, imitar el aspecto de otra persona, y aún hacerlo en un detalle tan significado (por no ser natural) como un implante subcutáneo en la cara no constituye por sí mismo un plagio. Como hemos dicho en otras ocasiones, un plagio es una copia sustancial entre obras, y no una coincidencia, aunque sea pronunciada, de realidades que no puedan ser consideradas como creaciones intelectuales protegibles.

La fotografía de la portada de Born this Way es una obra fotográfica. Es una imagen creada, elaborada y retocada para producir un efecto estético. Pero… ¿el aspecto de Orlan es una obra? La propia Orlan denuncia que lo que Lady Gaga ha plagiado es su universo, lo que equivale a decir que ha copiado connotaciones, ideas o recursos estéticos que Orlan considera distinguiblemente propios. Ahora bien, un universo (entendido de esa manera) no es exactamente una obra. Probablemente Orlan quiera apoyarse en la consideración de que su imagen constituye una obra por sí, algo que tal vez los críticos de arte puedan compartir pero que las leyes no tienen por qué acoger. Por otro lado, cuando hablamos de imagen en este caso nos estaríamos refiriendo al aspecto estético resultante de aplicar determinados retoques no naturales al propio aspecto físico, y no de la imagen personal en el sentido en que se acoge en el artículo 18.1 de nuestra Constitución.

Del mismo modo, la modificación corporal mediante la introducción de piezas de silicona o de otros materiales bajo la piel tampoco es una novedad exclusiva de Orlan. No solamente no constituye por sí una obra intelectual, sino que es una práctica conocida que, por lo tanto, tampoco podría ubicarse forzosamente en ese pretendido universo.

Además de lo anterior, la fotografía de Born this Way es una mera representación estética que no tiene por qué remitir a Orlan más de lo que puede remitir a las aplicaciones de maquillaje de una infinidad de películas de ciencia ficción, desde las pesadas caretas de los Klingon de Star Trek a las caracterizaciones de los vampiros de True Blood.

Si lo que Orlan pretende es señalar una serie de coincidencias estéticas entre su imagen o sus obras (fotografías e instalaciones) y la parafernalia de Lady Gaga, tendrá que asumir que esos rasgos comunes o similares tampoco van a dar lugar a una comparación entre obras de la que pueda extraerse la estricta conclusión de un plagio, del mismo modo que nadie la ha acusado a ella de usurpar la imagen de Cruella DeVille o la caracterización de Elsa Lanchester en las películas de James Whale en múltiples fotografías y autorretratos que ha expuesto a lo largo de su carrera. Tal vez las cosas serían diferentes si Orlan hubiera generado una imagen autónoma, novedosa e incluso icónica que hubiera podido acceder a una protección como marca (presumiendo su uso como tal, su explotación efectiva) pero, una vez más, estaríamos considerando realidades concretas y no simplemente universos.