Christian Loboutin es un viejo conocido de LegArs; su guerra judicial contra Yves Saint Laurent y Dior ya fue objeto de un breve artículo aquí mismo, y ahora encontramos cómo la historia se ha repetido, con Zara en lugar de Saint Laurent y el diseño del modelo de zapato Yo Yo como centro de controversia.

Loboutin estimaba que el modelo controvertido, comercializado por la firma de Amancio Ortega en 2008 era, llanamente, una copia de su modelo Yo Yo. Zara había lanzado su modelo en Francia, distinguido entre otros rasgos por el empleo del color rojo en su suela, un elemento que Loboutin defiende constantemente como distintivo de sus creaciones.

Si recordamos el litigio que Loboutin sostuvo contra Saint Laurent, el trasfondo de la pelea está exactamente ahí, en la defensa del uso de ese color rojo en la suela de las creaciones y la atribución que la firma francesa pretende de ese rasgo como constitutivo, por sí, de marca.

En realidad, podemos trasplantar todo lo que dijimos en su momento a propósito de la guerra americana con Saint Laurent a este mismo caso: el empleo del color rojo sin duda distingue las creaciones de Loboutin en un sentido popular, pero no se le reconoce un rango de distintividad suficiente por sí mismo como para erigirse en elemento constitutivo de marca, y desplegar los efectos propios de esa categoría (efectos que, resumiendo en lo fundamental, consisten en excluir el uso de ese color en la suela de cualquier modelo competidor). El color como marca es algo viable, pero solamente en determinados casos y con determinados requisitos: en su momento, nos basamos en la llamada “doctrina Libertel” (emanada de una sentencia del TJUE de 2003), de acuerdo con la que no cabe presumir que un color por sí mismo constituya un signo distintivo, ya que un color en principio no es más que una propiedad de las cosas. Esa misma Sentencia reconoció, no obstante, que un color podía constituir un signo si se empleaba de forma deliberada y reconocible como distinción competencial. Para que ese color adquiera un carácter distintivo, el consumidor debería poder referirlo a un producto o servicio, y no sólo como un accesorio, ni como meramente expresivo de una propiedad natural del producto. En cualquier caso, Loboutin se ha preocupado por tratar de amparar registralmente el uso del tono Pantone 18-1663TP, ‘Chinese Red‘, como propio, a la espera de lograr su reconocimiento como marca.

Junto a todo lo anterior, está (de nuevo) el complicado problema de la defensa de la singularidad de los diseños en el mundo de la moda. Las posibilidades creativas en torno al diseño de un zapato de tacón son teóricamente ilimitadas, pero en la práctica están limitadas a las líneas indisponibles que exige la utilidad del producto. Todos los zapatos de tacón se parecen entre sí, y todos pueden encajar en cuatro o cinco categorías estéticas cuya repetición es inevitable. En el caso presente, la similitud entre el modelo de Zara y el de Loboutin era apreciable, pero esa similitud no difería de la que puede apreciarse igualmente entre cualquier otro modelo de cualquiera de ambas firmas y el creado por una tercera competidora, por más que a ojos de Loboutin fuera algo sustancial la identidad de algunos elementos presentes en ambos.

En cualquier caso, esta guerra de Loboutin responde a una intención clara: pelear con cualquiera que haga uso de la suela roja ante las instancias que sean necesarias para disuadir a todo potencial competidor de la inconveniencia de usarla en el futuro de nuevo. La suela roja de Loboutin era ya característica de la firma francesa (al menos en un sentido puramente comercial) desde hace años, pero ahora lo es para todo el público en general, consuma o no sus productos, precisamente a través de la beligerancia desplegada en su defensa. Y esa beligerancia se ha convertido, a su modo, en un sistema de caracterización del producto y de su  suela roja. Veremos si finalmente tiene el éxito que Loboutin reclama.